Oh, la vida, el clima estival, llorar una película, preparar el concierto de esta semana, volver a escribir, cantar las cuarenta. Hablar de bueyes perdidos, o encontrados. Un comienzo desde la simpleza más escondida, para abordar sin querer y filosofando, las cuestiones largamente planteadas, las cosas que de verdad nos interesan, llámale frentes proas abiertas heridas asuntos cuestiones, la inabarcable e intrincada tarea pendiente. El curso de la vida continua educación. Enséñame.
Por la costa catalana, la banda manzana. Este mes de julio a tocar por la costa, tanto conciertos callejeros como en algunos chiringos de playa. Esta semana con visitas, encuentros que se avecinan emotivos. El sábado el concierto en L´indret de Badalona tiene anunciadas visitas internacionales y un montón de ganas de hacer sonar ese repertorio adaptado de remixes y novedades, ...en un pueblo junto al mar, que peligro.
Tuvimos de visita, la alegría del ingeniero de sonido y su esposa, después de cuatro meses en Francia antes de volverse a Uruguay pasaron por aquí. Y en torno a ellos se congregaron muchos dispersos por el mundo, todos se encontraron con sus historias. Y entre los paseos y las charlas, la cerveza artesanal y el shawarma, la paella y la playa, el mate en el pasto del parque ciudadela entre las percusiones y el tango, se fue dando el itinerario para ponernos al día con nuestras vidas. En eso estamos, viviendo, cada uno desarrollando como puede sus tareas de vida. Y los amigos de amigos, que se fueron sumando, cada cual desplegando su historia, dejando ver un poco de su camino. Entremezcladas las imágenes de idas y venidas de recibir visitas y visitar. Frases que iban precedidas de un mojones temporales como: cuando fuimos la otra vez, cuando vino aquel, en tiempos de inetiquetable, cuando el primer viaje, cuando recién llegamos, o no me acuerdo bien cuando fue. Y para ubicarse en las que incluían términos como: el verano pasado, debía ir agregado como un signo: acá o allá. Vamos y venimos
al aeropuerto, con maletas, y entre cada travesía (...)
Corre una guirnalda rastrera, anunciando. El parque se convierte en un circo, la fantasía toma la noche por sorpresa, y avanza entre las sillas llenas de vecinos, entre los jóvenes de picnic en el pasto. La payasa y su acordeón, la acróbata en las telas sobre fondo estrellado de cielo, el grupo de percusión. Dos enamorados participantes, enamorados entre sí y de su mágico hábitat, vuelven andando.
Piano piano (va lontano)... así llegó el piano a la beduina catalana.
Y, es lo más parecido a un niño con juguete nuevo, un músico con juguete nuevo.
Una canción va cambiando y deja retazos fuera, también olvidados y ebrios.
Aquí los rescato, del margen del recuerdo... para cuando ya no importe.
"Quizá los mejores versos se perdieron cayendo en los oídos sordos de una chica.
Y los más originales juntan mugre en un rincón, olvidados y ebrios, para cuando ya no importe. Quizá nuestras cruzadas de conciertos no sirvieron, cayendo en el saco roto
de algún roto corazón, en el pozo sin fondo del incierto desconcierto,
del rechazo y de la burla de quien nunca lo entendió".
Independencias. Hace tiempo que tengo la foto de este indignante recorte del diario La Vanguardia donde se habla de mi pueblo, y donde el que escribe es otro porteño atrevido, como se aprecia claramente.
Un marcalibros de la biblioteca me dice en traducción catalana: "Felicitat no és fer el que un vol sinó voler el que un fa". ¿Y por qué no las dos cosas Jean-Paul Sartre? Mejor! Apliquemos propiedad conmutativa. Felicidad es hacer lo que uno quiere, y también, querer lo que uno hace. Mejor!
Escenas de la película que vi anoche: Modigliani. El bar de las tertulias fue parte de recientes caminatas. Un diálogo me hizo pensar especialmente en mi amigo el pintor Rovira y en su momento personal.
Renoir dice a Modigliani: ¿usted va a vender?
Y Picasso interviene diciendo: Modigliani está a punto.
Renoir los mira a los dos y les dice: Ah si.., "le precipice". El precipicio.
El acantilado donde todos los artistas convergen y saltan hacia su destino.
Disfrutar del presente de circunstancias elegidas. El vapor sale por el pico, la caldera es como una locomotora hacia el amanecer. Se arma el mate para una madrugada de verano, para amenizar las entrevisiones de papel y lápiz, ese taller de canciones en silencio. Me acerco al balcón enjardinado, acomodo almohadones hechos de retazos multicolores, y dejo la persiana entreabierta. Luego del final de un libro devorado, me dio por hacer la colada, como decimos acá. Y descubrir, entre recuerdos de viejas tertulias, que en Barcelona también: la ropa se seca de noche.
Te lo dije, por casualidad, habías pasado en tu caminata por parte de la historia. Por cerca del eco de las tertulias de un pasado, cimientos de un arte. Por rivalidades y emotividad, gracias y desgracias, de ese caos creativo, germinal de genialidades y locuras. Pasabas por el día a día de nombres célebres, cuando no lo eran.
Me encanta ver esa claridad en las ventanas, me encanta ver las cortinas iluminarse desde afuera con esa luz celeste celestial recién hecha. Mi noche no ha terminado, trabajo en mi obra, por el camino elegido, y mientras aparecen los primeros ruidos afuera, del barrio que despierta. Mi noche está a punto de cerrar, pero quedan un par de cuestiones sin resolver. Un momento a ver, solo, sólo, un momento. Este es mi negocio y los horarios son así de flexibles.
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