Barcelona me dio su hasta pronto en una noche de picnic-jazz. La noche de verano, el olor al pasto y la música de jazz me transportó a aquellos festivales del verano de Uruguay. Esos que eran los días diferentes las pruebas de sonido, la carpa blanca y la sombra entre los eucaliptus, el olor al fuego, a choripán, panqueques y el dulce de leche, el sereno cubriendo todo con su humedad y el cercano placer de los próximos copetines con los amigos. Pero en ese día del que hablaba en Barna, el olor al jamón crudo de los bocatas y el paladeo del tinto ribera del Duero, agregaban otros elementos más propios de otros encuentros. Pero siempre los amigos, uno u otro, viniendo a la cita. Los traigo de algún modo, como dice una canción inédita. Allí estaban en torno al mantel sobre la hierba (si, el pasto, tábien)...
Y mientras pensaba en cual de los grupetes del parque se mezclaría el perro, con los tenedores pinchando olivas de la ensalada, él fotografiaba y publicaba un cuadro en el que aparecemos mirando el mar desde aquel lado. La frase sería: Nos tenemos presentes.
Llegamos a Tenerife. Serán diez días y ocho conciertos.
Al venir por segunda vez en la isla, ya desde el comienzo la visita es una sucesión de rencuentros con personas y lugares. El Teide ya antes de aterrizar es la postal de bienvenida. Dormido y nevado, con su bufanda nubosa.
Leyendo el blog de un colega catalán, algunas frases me remueven recuerdos de mis primeros posts aquellos en los que seguía más de cerca lo que iba aconteciendo. Contando más me sentía más transparente. Tipeando mis propios códigos y laberintos, ficciones y simplezas cotidianas, me descubría buscando develar mis propios misterios. Pero lo cierto es que el motor del protagonista era sentirse agonista con otros, que daban sus puntos de vista diferentes, con frecuencia sobre la misma escena, o al menos sobre un paisaje conocido. Pero hoy que los mundos de los primeros colores son distintos y los puntos de vista divergen formando un cuerpo de vacío, hay un silencio de ausencia oscuro, y a veces las ganas de contar quedan por el camino entre el humano y el inútil dispositivo de entrada. Sucede que a falta de interlocutor, nos quedamos más callados. Espero que esto que escribo así sin censurar y de madrugada, ya casi amaneciendo como en los posts más queridos, me recupere las ganas de hablar, de dejar sobre este fondo violeta las frases de cada día. Inspiradas o torpes, ficticias o reales, pero siempre carpe diem, siempre parte de la suprema misión, de la historia de seguir (...)
Volviendo de Tenerife... creo que llegó el momento ese que una vez pensé que llegaría, el de perder la cuenta de los vuelos hechos. Los ocho conciertos fueron ocho enclaves misteriosos, como esos ocho casos de Poirot que termino de leer. Me quedo con la alegría de los rencuentros, con los rostros sonrientes de los nuevos amigos con los que compartimos nuestras canciones. Me quedo con gusto de haber estado de fiesta, y con un hasta pronto que quiere decir vuelvan. Y seguro que volveremos al polo energético de la isla, para saber más de sus efectos especiales.
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